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Uno de cada tres

Vivimos en una era de movilidad humana sin precedentes. La migración entendida como el desplazamiento de personas de un lugar a otro, siempre ha estado vinculada con el desarrollo de la humanidad.

Hay destinos emblemáticos en el mundo donde la diversidad cultural florece. La ciudad de Nueva York es una ciudad de llegada que recibe inmigrantes de todas partes del mundo. Ejemplifica la diversidad cultural, social y religiosa, características fundamentales para que los lugares se desarrollen en la era de la interdependencia global. En esta urbe, uno de cada tres ciudadanos es inmigrante. Es un lugar que manifiesta compromiso para el pluralismo, la diversidad cultural y la incorporación económica.

La migración hacia las ciudades conlleva tanto oportunidades como retos. La ciudad de Nueva York enfrenta el desafío de la inclusión social, presentando dificultades comunes de ciudades destino de migración. Sin embargo, aunque no es un modelo perfecto de inclusión social, ofrece muchas señales optimistas sobre la inclusión del inmigrante.  En esta ciudad multicultural las distintas comunidades fluyen entre si, coexisten, ofreciendo al inmigrante oportunidades de inclusión dentro de toda la escala económica.  Además de la contribución a la economía y a la fuerza laboral, los inmigrantes son una pieza crucial en la ciudad, aportan diversidad, produciendo un impacto en la imagen, los sonidos y los sabores. Realizan transformaciones urbanas revitalizando vecindarios y originando conglomerados étnicos y culturales. Conectan a las comunidades dentro y fuera de las fronteras

Este trabajo es una muestra de mi recorrido por la diversidad, encontrando que lo que hace a Nueva York una ciudad única, es la manera como se ofrece a los inmigrantes para que la hagan suya. Fomenta la coexistencia e interrelación de los diferentes grupos manteniendo la heterogeneidad. Facilita la inclusión social y permite a sus inmigrantes expresar sus culturas y celebrar las riquezas de sus identidades.